| Por: Juan Pablo Guzmán |
En la actualidad el mundo está inmerso en múltiples crisis sociopolíticas y económicas producto de las decisiones humanistas de los gobiernos de turno, a esto, se suman los grupos oportunistas que en pro de la “igualdad, justicia e inclusión” han manipulado nuestra sociedad al punto de fragmentarla en etnias, sexos, religiones y ricos y pobres a cambio de generosas compensaciones económicas. Ante esta realidad, vale la pena preguntarse ¿Qué dice la biblia acerca de esto?, ¿existe alguna relación entre la palabra de Dios y los modelos de gobierno?, ¿Cuál es el rol del cristiano en la sociedad?
Los modelos de gobierno desde la antigua Roma con el señorío del César, el socialismo, el comunismo, hasta la social-democracia han dado fundamento a la hegemonía humana contemporánea limitando las actividades del ser humano a través del intervencionismo estatal.
Sin embargo, el plan de Dios es totalmente opuesto, pues lejos de privilegiar la supremacía humana, éste es que el ser humano asuma su papel como cogobernante de este tierra y lo ejerza no de acuerdo a su voluntad, sino de acuerdo a los principios de la palabra de Dios, no sirviéndose de la sociedad, sino como servidor ésta.
Este concepto ha sido hábilmente manipulado en dos sentidos: el primero “que Dios limita e impone sus reglas la ser humano, restringiendo su capacidad de análisis y ejecución” distrayendo al hombre de su rol al enemistarlo con su creador; y por el otro lado haciéndole creer al ser humano que “lo espiritual no tiene nada que ver con la corrupción del mundo” por lo tanto el cristiano debe alejarse y desechar toda posibilidad participar en funciones de gobierno. Por esto es que socialmente no se considera la ley de Dios como una opción válida para reformar a un Estado y sus decisiones.
La biblia dice: “Aquel que no puede gobernarse a sí mismo, no puede gobernar una nación” ¿Si esta debacle sociopolítica que tanto criticamos no es responsabilidad del cristiano, entonces de quién es? El cristiano debe darse cuenta que el modelo de gobierno instituido por Dios para una colectividad radica en sí mismo -y no en ideas humanistas-, por lo que debe dejar de excusarse en los modelos fallidos que escoge cada cuatro años y regresar a la ley de Dios, la cual es un compendio de principios y enseñanzas claras que fueron instituidos desde la creación del ser humano para saber como desempeñar su rol social como coadministrador de esta tierra con el Padre.
No se trata de criticar o pelearse contra los modelos de gobierno, se trata de abandonar la idea de que es imposible transformar nuestra nación, asumiendo el reto de sembrar diferente ejerciendo con autoridad las leyes del Reino de Dios en todo ámbito de nuestra sociedad (político, económico, social, etc.), no solo en las cuatro paredes de nuestra comunidad de fe.