Juan Pablo Guzmán, 27 de noviembre de 2008.
Una de las experiencias que más me ha impactado, fue la que viví en una capital de América del sur el día en que se aprobó el matrimonio entre homosexuales, en realidad me quedé atónito ante el aplastante apoyo de marchas y pancartas que decían “yo apoyo el matrimonio gay”.
Si dos personas del mismo sexo se sienten atraídas y conviven en una relación sexual y amistosa dentro de una vivienda, pueden ser –si cabe- “buenos amantes”, pero no llegan a ser nunca esposos, pues, por naturaleza, no aplican a la paternidad y la maternidad. Considerar su forma de unión como un “estado matrimonial” es confundir los conceptos, alterar el lenguaje y, con ello, socavar la moral.
Ante esta afirmación sería muy fácil cuestionarse ¿No deberíamos respetar a los homosexuales? o ¿Por qué discriminarlos de la sociedad? Por supuesto soy respetuoso de todas las personas, sin embargo, la diferencia es que hay derechos que no los adquirimos por el simple hecho de ser seres humanos, sino por las opciones de vida que escogemos. Por ejemplo: sólo el que escogió ser piloto aviador, adquirió el derecho de volar aviones; el que no lo es, no debería reclamar tal derecho. No puedo dejar de diferenciar los conceptos y aceptar llamarle “matrimonio” a lo que constituye una forma de unión distinta.
La unión de personas homosexuales esta limitada a presentar, tres de los cuatro ingredientes básicos del amor conyugal (sexualidad, fecundidad, amistad y proyección comunitaria). Lo que le falta, es el segundo aspecto, la donación de vida a nuevos seres personales. La sexualidad matrimonial está, por su naturaleza misma, enfocada a la vida, la amistad y la creación de un hogar. Tal objetivo da sentido a los cónyuges y a la institución del matrimonio.
¿No sería una responsabilidad de la sociedad regular su forma de unión de tal modo que se respeten sus derechos inalienables, pero que respondan a la moral social?
Por el hecho de unirse sexualmente no se adquiere ningún derecho especial ante la sociedad. La sexualidad homosexual no tiene para la sociedad más relevancia que el hecho de que satisface a ciertas personas y ésta aportación no puede compararse en lo más mínimo a la que realizan los casados que aportan nuevas vidas a la comunidad.
En la actualidad se valoran muy positivamente los sentimientos y se da como justificación de ciertas conductas el hecho de que sean fuente de satisfacciones individuales; dejando de lado el valor –positivo o negativo- que tales conductas puedan tener para el conjunto de la sociedad. Esta visión unilateral acarrea graves daños a la vida social porque promueve el egoísmo y desestima la moral.
La biblia establece únicamente dos géneros y su rol individual y dentro del matrimonio. No seas parte de los que prefieren confundir todo, pretendiendo volver a las cavernas en el afán de promover el libertinaje sexual.
Lo que es distinto necesita nombre distinto. No podemos utilizar los nombres arbitrariamente. Por eso, precisar debidamente los conceptos y utilizar el lenguaje con propiedad no indica ser anticuado, ni poco liberal; significa conocer y promover la verdad.
¡Me opongo abiertamente al matrimonio entre homosexuales!