Juan Pablo Guzmán, 7 de diciembre de 2008.
Explorando las inmensas aguas de la historia, me percaté, por medio de las páginas de un buen libro, cómo a través del tiempo, se registran diversas culturas. En su concepto más básico, el conjunto de actos que realizamos dentro del grupo social donde nos desenvolvemos se llama cultura.
En la actualidad, el mercadeo y los medios de comunicación nos invitan a consumir y participar de una serie de productos y hábitos llamados “light”, ¿Será esto indicador de una cultura?
A partir del “boom” del neoliberalismo, la desaparición de ideologías, el egoísmo y el poderío del capitalismo y su ideología, conformaron los factores que coyunturalmente han dado como resultado esta entronización del individualismo, de elegir por lo fácil y del consumismo, que en suma se hacen llamar “cultura light”.
¿De qué se trata? Sin siquiera pensarlo las relaciones, la actitud con que se enfrentan las cosas, la comida y hasta las diversiones se han vuelto “Light”.
Esta cultura la podemos conceptualizar como una búsqueda intensa de satisfacción individualista sin reglas, insuficiencia en el análisis de temas, superficialidad y falta de compromiso social. Se juzga a las personas por cómo van vestidas, por el tipo de comida que ingieren o por el teléfono celular; y por si fuera poco, hasta por el “adecuado” uso del “spanglish”, todo es stress, make up, reality´s, glamour, look, bestseller y tantos más ¿que cool no?
Lo único que importa en esta cultura es ser bello, estar bien presentado; es la cultura de lo liviano, del no-esfuerzo y del culto a la apariencia.
Se trata de omitir la esencia: café sin cafeína, azúcar sin azúcar, yogurt ¿diet? Todo lo absolutamente privado de sí mismo es light; es resultado sin proceso, sazón sin maduración, resumen sin sustancia, es un atajo para evadir el esfuerzo; en este modelo se valora la anorexia, se idolatran los cosméticos y el tranquilizante reemplazo al descanso natural.
Y qué de la iglesia ¿Está exenta de esta influencia? el Cristianismo también se ha vuelto light: Misticismo por espiritualidad sin bases, revelación sin oración, culto a la mega-prosperidad (Fast pray, fast money) cristianos sin fe, una liturgia vida-light para cada gusto, pecado sin consecuencia, gracia 2×1, eternidad en visa cuotas y mega caudillos con gran carisma, entre otras.
Los “yuppies” (young urban professional people), son el producto de esta cultura, gente “culta” que no analiza, solo argumentan su consumo y defienden esta tendencia desde sus apartamentos de soltero con el refrigerador vacío y sus conversaciones triviales para matar el tiempo y ocultar la soledad. Sin embargo, vale la pena preguntarse: ¿Quién se beneficia con que vivas este estilo de vida?
La cultura light no es sana, el resultado de esta, es una fuerte anemia moral, emocional, sentimental, económica y espiritual. La valoración de tu vida no depende de lo que digan o hagan los demás, depende de cuanto conozcas de dónde vienes y a dónde vas.
Lo importante no es diferenciar qué cultura te conviene, sino elegir la que se vive por principios. No te conformes a la cultura light de este siglo, renueva tu entendimiento así conocerás la voluntad de Dios. Romanos 12:2