Juan Pablo Guzmán, Febrero 4 de 2007.
Recientemente acabo de vivir el proceso de incorporación a una institución educativa, pasando desde las entrevistas y la selección, hasta una breve inducción del cargo; las primeras experiencias siempre son muy valiosas dado que sirven para familiarizarse con la forma en que se debe desempeñar cada una de las actividades, de acuerdo a las normas y políticas de ésta.
Todo esto me ha llevado a pensar en las diversas posibilidades de ejecución, y conversando con unos amigos a cerda de este tema, concluimos, que para permanecer en una función administrativa, operativa o de cualquier otra índole, el “hacer de cada día” es el elemento que marcará la diferencia y así responder con éxito a los objetivos para los cuales se ha sido contratado.
En este mismo orden de ideas hago énfasis en el hecho que de acuerdo a la cantidad de información o conocimientos que se tengan del área, serán más seguras y efectivas las decisiones que se tomen ante cualquier situación, sea esta planificada o imprevista.
La Biblia dice que según el hombre piensa así actúa (dicho de otra manera, hago solo aquello que creo o que estoy convencido), al igual que mi nueva incorporación laboral, me percaté del proceso que Dios ha establecido para que cada uno de sus hijos gocen de la libertad que es en Cristo Jesús; primero, cambiar la forma de pensar, luego hablar de acuerdo a esa nueva forma de pensar y finalmente actuar o el “hacer de cada día”.
Santiago 1:22 nos ánima a no ser tan solamente oidores, sino hacedores de la palabra y es ahí donde cobra vida el proceso de aceptar un nuevo pensamiento (principios y mandamientos bíblicos), compartirlo (decirlo o confesarlo) y luego accionar de acuerdo a éste.
Compartiendo este principio, alguien me dijo recientemente: ok, conocí a Jesús quien cambio mi forma de pensar, ahora pienso en todo aquello que Él hizo por mí, lo he confesado y he contado a mis amigos que ahora soy su hijo y estoy tratando cada día de hacer las cosas bien ¿Por qué repetirlo si ya lo hice una vez? A lo cual respondí: Al igual que las primeras experiencias en mi proceso de incorporación laboral, el repetir estos pasos te llevará a conocer verdades específicas, sobre áreas específicas, es decir, la verdad no es genérica o única, lo que la Biblia quiere decir es que para ser libre se deben ir experimentando principios, que nos llevarán a conocer verdades y al conocerlas tu ejecución “tu actuar” será seguro porque estás bajo la libertad de la voluntad de nuestro Padre y esa libertad te llevará a cosechar un futuro de paz y gozo.
El “hacer” de cada día es el elemento diferenciador ¿Quieres tener una vida diferente? Para alcanzar la vida que sueñas debes atreverte a repetir el proceso una y otra vez. En suma, la cultura humanista dice “tómate un atajo, por aquí es más rápido llegar a la tierra prometida”, la Biblia nos enseña que no se trata de llegar, sino de saber llegar.