Juan Pablo Guzmán, 2 de junio de 2008.
El otro día me percaté de cómo la sociedad está aceptando como “normales” una serie de anti-valores que sutilmente han permeado a nuestra sociedad, los cuales están siendo justificados irónicamente por los mismos valores morales tristemente manipulados. A medida que es más frecuente ver a dos mujeres besarse en los conciertos de rock por tv., a los artistas salir del “closet” al declararse lesbianas u homosexuales, o justificar como válidos los argumentos de infidelidad –entre otros- emanados de telenovelas y series de televisión, la sociedad se considera una “Sociedad Modelo” tolerante, respetuosa e incluyente y más aún “una sociedad post-moderna”.
Benito Juárez acuñó la frase “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, lo cual ha sido interpretado como: si lo que tu vecino hace o práctica es moralmente incorrecto, está en su derecho, por lo tanto, debes tolerarlo. Existe un terrible manipuleo de los valores ético-morales, por ejemplo el respeto como valor se ha convertido en un estandarte humanista para promover la degeneración sexual y su inserción a la sociedad sin restricciones ni oposición “hay que respetar”.
Se denomina valores al conjunto de pautas que la sociedad establece para las personas en las relaciones sociales. Por otro lado, el término humanismo (usado por primera vez en 1808 aunque este nace en el Renacimiento) es una aproximación al ser humano y un rechazo al teocentrismo; de ahí que nacen términos tales como “diversidad de género”, los cuales han llegado a degradar a la misma institución del matrimonio (unión de hombre y mujer) al fomentar ideas tales como el “matrimonio gay”, los cuales exigen un espacio dentro de las relaciones sociales morales y más aun reclaman sus derechos como cónyuges.
A partir de Génesis 1:26 el término sexo se deriva de las características biológicamente determinadas e invariables del hombre y la mujer “varón y hembra los creó”, mientras que género (término humanista) se utiliza para señalar las características socialmente construidas que constituyen la definición del sexo en distintas culturas y podría entenderse como la red de rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos, valores y conductas de un grupo de personas.
El fundamento de toda sociedad es la familia; la cual tiene entre otras, la función de modelar las futuras generaciones, por lo tanto si ésta es manipulada, se estará modelando una sociedad disfuncional, alejada de la verdad de su razón de ser y sin un rol determinado en sí misma. Lo que todos estos anti valores del Siglo XXI persiguen no es más que justificar el libertinaje hedonista que permea la sociedad.
Quiero hacer especial énfasis en la diferenciación entre los conceptos “modelo” y “verdad”, debido a que cada uno en su acepción es válido, mas no es así en su contexto. La palabra modelo parte del análisis, validación e implementación de una actividad y la palabra verdad -en su naturaleza misma-, arroja un principio absoluto e inamovible.
La verdad es fuente de identidad, la Palabra de Dios -la Biblia- establece el principio de la feminidad y la masculinidad –no otras formas- que sumados arrojan el valor del matrimonio y por ende su rol dentro la familia y la sociedad.
Decidí irrespetar la relatividad contemporánea, me opongo a esa basura del homosexualismo, al lesbianismo, al libertinaje sexual y todas las formas sutiles que lo promueven y protegen, porque su fruto es el deterioro y fragmentación de la familia, la única forma de transformar una sociedad es fortaleciendo sus valores y la piedra fundamental de estos es la unidad familiar.
¡A mí NO me valen los valores!