Marzo 11, 2009...2:46 am

¿Hay alguien ahí?

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Juan Pablo Guzmán, 3 de julio de 2008.

Es un secreto a voces que la soledad es uno de los mayores temores que  enfrenta el ser humano dado que está poco menos que satanizada en nuestra sociedad actual. Si no tienes pareja ni muchos amigos y una agitada vida social, resulta que es un pecado mortal, algo imperdonable, triste y patético. Algo de lo que parece que haya que salir huyendo a toda costa y al precio que sea.

Se define como ese sentimiento de estar solo, es carecer voluntaria o involuntariamente de compañía, es decir, aunque se este rodeado de personas, se puede experimentar esta sensación; no necesariamente se tiene que estar aislado o carente de una pareja, familia o amigos.

1ª de Samuel 16 narra en la biblia la historia de un joven cuyo oficio era pastor de ovejas, tenía la habilidad de tocar un instrumento y componer canciones, además de practicar un deporte y a pesar de su aislamiento,  sus hazañas eran sabidas por todos, contaba con una familia numerosa y por si fuera poco gozaba de la protección de su padre y hermanos mayores, sin embargo David nunca se sintió solo.

Esta historia parece ser contemporánea; tienes un trabajo estable en el que comúnmente pasas extra-horarios, posiblemente vas al gimnasio o tienes algún pasatiempo, la gente ha escuchado de tus éxitos laborales y logros profesionales, y más aún, cuentas con la fortuna de tus viejos y hermanos, pero a diferencia de este pastor de ovejas, experimentas una buena dosis de soledad.

Alguna vez te has preguntado ¿hay alguien ahí?, ¿dónde estás? o has dicho la frase ¡Contesta! al marcar algún número de celular o cuando mandas un mensajito y éste no encuentra respuesta. Ante esto, tal vez prefieras dormir un buen rato, ir a un café con tu laptop, ver televisión o desahogarte derramando algunas lágrimas para aliviar la ansiedad, ese tiempo se pasa tan despacio y golpea tu mente una otra vez con pensamientos de temor tales como: ¿Hasta cuándo voy a estar así? ¿Por qué a mí? ¿Qué hago? ¿Será que me voy a casar? ¿Y si me deja?

Con frecuencia se relaciona a situaciones como el desamor, a las largas jornadas de trabajo o por el hecho de haberte mudado a vivir solo, en este estado la incomunicación y la inconformidad del individuo es absoluta, este sentimiento va en contra del hombre como ser social puesto que una de sus necesidades básicas es comunicarse con los demás, esto no significa que estar solo en determinados períodos de tiempo sea del todo negativo.

Hoy quiero invitarte a reflexionar en las posibilidades y el valor de la misma, no me refiero a esto como un analgésico, es un trazo estratégico para sacar el máximo a cada etapa de tu vida.

La soledad tiene muchas cosas buenas que hoy día no se valoran: fortalece la individualidad al aprender a vivir sin buscar siempre la aprobación y la aceptación de los demás, te provee de tiempo para conocerte a ti mismo y cimentar tus valores, es un espacio para tomar decisiones y emprender nuevos proyectos, es un buen momento para terminar aquellas cosas que has dejado en el tintero y que puedes concluir, es una buena oportunidad para conocer a nuevas personas y porque no, te permite construir un buen ahorro.

“Más vale solo que mal acompañado” es un dicho de la sabiduría popular que justifica ese estado de “soledad física” el cual aclaro, no es mala, ni buena, es simplemente elegible, y hay gente, a la que le gusta y otros la rehúyen.

Sin embargo todo este rollo de la sociedad moderna, individual y capitalista nos aleja de un tema absolutamente profundo y sustancial del ser humano: “la soledad espiritual” ¿No será que esta es la clase de soledad que debemos resolver? La comunión con Dios fue la base para que David no se sintiera solo a pesar de los espacios  largos de tiempo sin ninguna compañía más que sus ovejas; por el contrario, fue un espacio de inspiración y fortaleza para ser el protagonista de sueños y metas que jamás pensó alcanzar.

A veces olvidamos que el hecho de no estar solos, no es una decisión unilateral, la compañía no es algo que se busca sino que surge. Que no te gane la soledad, es tiempo de escribir una historia diferente en esos espacios de incomunicación social y sentimental, ya basta de demandar lo que no tienes, que tal si Dios en ese preciso momento está tocando a la puerta de tu corazón preguntando ¿Me escuchas? ¿Hay alguien ahí? La soledad es el espacio ideal para responder a la voz de Dios.

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