Juan Pablo Guzmán, 2 de septiembre de 2008.
De acuerdo al contexto de nuestra cosmovisión occidental, se registra en nuestras mentes la siguiente idea “para que algo sea cierto, debe serlo no solo para el que lo dice, sino para el que lo oye”. ¿Es así?
Desde mi punto de vista, esta idea tiene origen en que “como seres humanos rechazamos toda autoridad superior en nuestras vidas” –incluyendo cualquier clase de Dios- por temor a que infrinja nuestra autonomía perfecta y personal (aunque lo usamos de amuleto cuando nos conviene); es decir, nos aferramos a la idea de que producimos nuestra propia verdad de acuerdo a nuestras experiencias.
Hoy en día un “psicólogo cristiano” puede decir que el homosexualismo es un instinto natural y un deseo que necesita ser atendido, lo cual es correctamente aceptado por todos, sin embargo, la verdad de acuerdo a Romanos capítulo 1 es que la homosexualidad es contraria al designio de Dios, al orden natural, y a la verdad con relación a la creación.
¿Te has preguntado si lo que crees es la verdad? ¿o es que la falta de esta te ha llevado a creer en una cosa parecida que alguien te conto o que supiste alguna vez? La biblia, la Palabra de Dios es la única fuente de verdad, por lo tanto es absoluta y ha prevalecido transformando vidas a lo largo de la historia, y esta, solo puede ser conocida una vez que se tenga una experiencia con ella.
El posmodernismo, el mercantilismo desmedido de la iglesia contemporanea y la cultura antiteista -sustentados en medias verdades- están socabando los cimientos de la verdad revelada al presentar un evangelio de exigencias y no de responsabilidad, el cual solo produce frustración rechazo a la verdad. El senador democrata y precandidato a la presidencia de los Estados Unidos Barak Obama evidencia su conveniencia de sobre la fe al haber afirmado la frase: “Si la fe de un hombre es sincera, entonces es el factor que más lo define” Es una brillante verdad a medias, pues un hombre no se define por su fe, sino por su obediencia a esta.
La verdad importa porque lo que esta en juego es lo que creemos, y la negación de esta solo evidencia el analfabetismo bíblico; el ser humano reacciona cuestionando cualquier cosa que desconozca o que lo rete a someterse a un orden que lo lleve a abandonar sus placeres, de ahí nace el relativismo, es decir, cuestionar todo aquello que no me permita hacer lo que se me da la gana.
El cristianismo radica no solo en estar de acuerdo con Dios, sino en la disposición de unirte a Él para llevar a cabo su misión. Fuera de esto, la práctica de la fé se convierte en no menos que una secta que cree lo que le conviene, reducien-do la verdad al intelecto humanista alejado de esta.
Es mentira que todas las religiones llevan a Dios, Jesucristo es el camino la verdad y la vida y nadie viene al Padre sino es por medio de Él y el rechazo a esta verdad biblica es la bienvenida a otros dioses, la era posmoderna ha ungido a la tolerancia secular como su dios, haciendo permicibles los principios universales que Dios establecio para regular la vida del ser humano.
La verdad de la Palabra de Dios es una y nos reta a creerla toda o negarla toda, no hay intermedios.