Marzo 7, 2009...7:05 pm

El clásico de clásicos… ¿con quién me casaré?

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Por: Juan Pablo Guzmán / 6  de octubre de 2007.

La pregunta que con mayor recurrencia he escuchado es ¿con quien me casaré? y al igual de recurrentes son los motivos que escuchado por los cuales aun me encuentro sin una relación sólida y de largo plazo. La naturaleza es la vida en pareja (Génesis 2;18, 21 y 22), así que la necesidad sentida en el ser humano de compartir la vida con una pareja del sexo opuesto es muy normal, sin embargo, la decisión no es tan fácil como pareciera ya que las experiencias previas y paradigmas en base a la información que hemos recibido, han capitalizado nuestras emociones haciéndolas sensibles y han afectado nuestras experiencias personales, sociales y culturales que forman nuestro “ideal de vida matrimonial”.

Dentro de esta etapa, se experimentan diversos estados de ánimo desde temores, depresiones o decisiones basadas en emociones de corto plazo mayormente en aquellas personas cuyos periodos de soledad son más largos y sus expectativas se ven limitadas a un contado circulo de amistades. Al mismo tiempo estas emociones se canalizan con el sentido de pertenencia de un grupo de amigos, largas jornadas laborales, excesivas responsabilidades eclesiásticas, fidelidad al ejercicio corporal (gimnasio, deportes, etc.), vicios “sociales” y sobre dedicación al estudio, entre otros.

Y aunque las experiencias previas pesan en la decisión de proponer o aceptar un compromiso de largo plazo y con ello las responsabilidades que este conlleva, se cuenta con una serie de características como la madurez, la estabilidad económica, realización profesional y sobre todo los principios que están establecidos en la palabra de Dios nos permiten los elementos de juicio necesarios para amalgamar nuestras emociones a nuestra lógica humana; de lo contrario se corre el riesgo de elegir un noviazgo peor es nada, es decir,  personas que prefieren estar con cualquier persona, con tal de no estar solos desarrollando así relaciones sostenidas en la nada, cimentadas en las infértiles tierras imaginarias.

El elemento más importante en las relaciones de noviazgo es ¡la búsqueda!, el obligatorio análisis para descubrir si la persona con la que estás o deseas estar, es en realidad la indicada, o solamente una mala copia. Recuerda que todas las copias siempre son malas. Por eso existen los originales. ¡Siempre que quieres algo bueno, aparece antes un mal sustituto! Nunca encontrarás la pareja indicada, si el lugar está ocupado por un “Peor es nada”.

Es importante conocerlo(a) en la vida real, saber cómo reacciona en tiempos de crisis, explorar, analizar, cómo es en la universidad, cómo resuelve los problemas, cuáles metas y sueños tiene para el futuro, qué logros ha alcanzado en la vida. No se puede dar el lujo de quedarse con cualquiera y menos aun tomar una pareja con una motivación de corto plazo. Eso lo puede hacer cuando compras un pantalón o una camisa, pero nunca con tu corazón. El pantalón te lo quitas y se acabó el problema, pero ¿cómo te quitas un mal amor? ¿Cómo sanas del corazón una herida? ¿Qué consecuencias te traerá en tus decisiones futuras.

Hay un tiempo para todas las cosas. Es necesario que en el tiempo que estás solo analices y definas las características que deseas de tu pareja. Una cosa es escoger cualquier persona y otra es que vayas al otro extremo. O sea, que la lista que tienes sea algo inalcanzable. Que escojas a la mujer que no existirá jamás, o el hombre inexistente. Por ejemplo el cuerpo de… con la cara de… y el dinero de… o el perfil de… y los ojos de…

Es determinante ser muy realista. Piensa que nadie te escogería a ti si fueras tan exigente, de momento sigue preparándote en todo aspecto de tu vida y recuerda que el amor es dar sin esperar nada a cambio.

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